Displasia de cadera en adultos: diagnóstico y tratamiento en Bogotá
La displasia de cadera en adultos es una causa frecuente —y muchas veces tardíamente reconocida— de dolor de cadera en personas jóvenes. El caso típico es el de una mujer entre los 20 y los 40 años que consulta por dolor en la ingle, sin haber tenido nunca un diagnóstico en la infancia. Entender qué es la displasia y qué opciones existen le ayudará a tomar decisiones informadas junto con su especialista.
¿Qué es la displasia de cadera?
La cadera es una articulación tipo esfera y cavidad: la cabeza del fémur (la esfera) encaja en el acetábulo (la cavidad de la pelvis). En la displasia, el acetábulo es más plano o está mal orientado, de modo que cubre menos de lo normal la cabeza del fémur. Es una condición del desarrollo: la cadera no terminó de formarse correctamente durante la infancia.
Cuando la cobertura es insuficiente, el peso del cuerpo se concentra en una zona pequeña del cartílago y del labrum (el anillo de tejido que sella el borde de la cavidad). Esa sobrecarga repetida durante años puede producir dolor, lesiones del labrum y, con el tiempo, artrosis temprana, es decir, desgaste prematuro de la articulación.
Síntomas de la displasia de cadera en adultos
Las formas leves pueden pasar desapercibidas durante la niñez y la adolescencia, y dar síntomas solo en la vida adulta. Los más comunes son:
- Dolor en la ingle (dolor inguinal), que aumenta al caminar largo, correr o estar mucho tiempo de pie.
- Sensación de fatiga o debilidad en la cadera al final del día.
- Chasquidos, sensación de bloqueo o de que la cadera "se sale", especialmente con ciertos movimientos.
- Dolor lateral en la cadera o cojera ocasional cuando el cuadro está más avanzado.
Es habitual que estos síntomas se atribuyan primero a una "tendinitis" o a una molestia muscular, lo que retrasa el diagnóstico. Si el dolor inguinal persiste por semanas o reaparece con la actividad, vale la pena estudiarlo.
Diagnóstico
El diagnóstico se hace principalmente con una radiografía de pelvis bien tomada. En ella, el especialista mide qué tanto cubre el acetábulo a la cabeza del fémur mediante ángulos específicos; esas medidas permiten confirmar la displasia y clasificar su severidad.
En algunos casos se complementa con resonancia magnética, útil para evaluar el labrum y el estado del cartílago, o con tomografía, que ayuda a planear una eventual cirugía. El examen físico en consulta —evaluando movilidad, puntos de dolor y estabilidad— completa el estudio.
Opciones de tratamiento
El tratamiento depende de la severidad de la displasia, la edad, los síntomas y el grado de desgaste articular.
Manejo conservador
En displasias leves con síntomas ocasionales puede intentarse fisioterapia enfocada en fortalecer los músculos que estabilizan la cadera, ajuste de las actividades de alto impacto, control del peso y analgésicos por periodos cortos. No corrige la forma del hueso, pero puede mejorar el dolor y la función.
Cirugía de preservación de la cadera
En pacientes jóvenes con displasia significativa y cartílago aún sano, el objetivo es conservar la articulación propia. La cirugía de referencia es la osteotomía periacetabular (de Ganz): mediante cortes controlados en el hueso de la pelvis se reorienta el acetábulo para que cubra mejor la cabeza del fémur y reparta la carga de forma más uniforme. La Dra. Huerfano y su equipo la realizan de forma habitual, con una casuística de más de 250 osteotomías. En casos seleccionados, la artroscopia de cadera puede tratar lesiones asociadas del labrum, aunque por sí sola no corrige la displasia.
Reemplazo total de cadera
Cuando la displasia ya produjo artrosis avanzada —cartílago desgastado y dolor constante—, la cirugía de preservación deja de estar indicada y la opción que suele ofrecer mejores resultados es elreemplazo total de cadera: se sustituye la articulación dañada por una prótesis. En caderas displásicas requiere una planeación especialmente cuidadosa por la forma particular del hueso.
¿Cuándo operar?
No existe una respuesta única. En términos generales, se considera cirugía cuando el dolor limita la vida diaria a pesar del manejo conservador, cuando la displasia es marcada en una persona joven (para intentar prevenir la artrosis mediantecirugía de preservación) o cuando el desgaste ya es avanzado y el reemplazo ofrece la mejor calidad de vida. El momento y el tipo de cirugía se definen de forma individual, con las imágenes en mano y conversando sobre sus expectativas y su nivel de actividad.
Preguntas frecuentes
¿La displasia de cadera no es una enfermedad de bebés?
Es más conocida en los bebés, pero cuando es leve puede pasar desapercibida en la infancia y manifestarse solo en la adultez. Muchos adultos descubren que tienen displasia cuando consultan por dolor de cadera siendo adultos jóvenes. Por eso el diagnóstico en el adulto es más frecuente de lo que se cree.
¿Por qué nadie detectó mi displasia cuando era niña?
Las formas leves o moderadas no siempre producen signos evidentes en el examen del recién nacido y permiten caminar y crecer con normalidad. La cadera funciona durante años, hasta que la sobrecarga acumulada sobre el cartílago y el labrum empieza a doler. No significa necesariamente que hubo un error: la alteración era sutil.
¿La displasia de cadera en el adulto siempre requiere cirugía?
No. Cuando los síntomas son leves y el desgaste es mínimo, puede intentarse un manejo conservador con fisioterapia, ajuste de la actividad y control del dolor. La cirugía se considera cuando el dolor limita la vida diaria o cuando la articulación está en riesgo de desgastarse de forma acelerada. La decisión se toma de manera individual en consulta.
¿Puedo hacer ejercicio si tengo displasia de cadera?
En general sí, dando prioridad a actividades de bajo impacto como natación, bicicleta o fortalecimiento guiado. Suele recomendarse moderar los deportes de alto impacto o con giros bruscos, porque pueden acelerar el desgaste. El plan de ejercicio ideal depende del grado de displasia y debe definirse con su especialista.
¿Qué pasa si no trato la displasia de cadera?
La displasia hace que el peso del cuerpo se concentre en una zona pequeña del cartílago, lo que con el tiempo favorece lesiones del labrum y artrosis temprana. No todas las personas evolucionan igual, pero el dolor tiende a progresar cuando la deformidad es significativa. Una valoración oportuna permite elegir el tratamiento antes de que el desgaste avance.
Si tiene dolor inguinal persistente o le han dicho que su cadera "no está bien formada", una valoración especializada permite confirmar el diagnóstico con imágenes y definir el plan adecuado para su caso particular.